Se me vienen encima los recuerdos mirando la vaga silueta de mi reflejo en el vidrio de un escaparate. Casi nací, y si me crié, en Chillán. Punto en el troncal principal del ramal más extremo del mundo: Chile. Y todavía un poco más excéntrico, unos kilómetros hacia los trumaos que el Volcán Chillán ha desparramado por los primeros cerros que cierran el valle central.
Tierra de vieja frontera. Tierra de jesuitas, de militares, de contrabandistas, de comerciantes rudos, de traficantes; gente violenta. Tierra de malones y expropiaciones, de violaciones y sangramientos; lugares violentos. YO nací aquí pero yo no
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