Se le acercó enojado el hambriento. Ya lo esperaba venir. ¡Usted dice que los valores no existen!, le reclamó con aires de escándalo. Calló un momento el endemoniado; después le dijo: es muy re difícil demostrar que algo no existe - más difícil que demostrar que algo existe - habiendo tanto escondrijo en este mundo donde las cosas pueden estar. Habría que buscar por todos lados y recorrer todos los rincones del universo. El hambriento no parecía satisfecho con la respuesta: su postura adquirió el desbalance del que cree sin certidumbre que le toman el pelo.
Habría que comenzar por
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