La flor del castaño
Marqués de Sade
Se supone, yo no lo afirmaría, pero algunos eruditos nos lo aseguran, que la
flor del castaño posee efectivamente el mismo olor que ese prolífico semen que
la naturaleza tuvo a bien colocar en los riñones del hombre para la reproducción
de sus semejantes.
Una tierna damisela, de unos quince años de edad, que jamás había salido de
la casa paterna, se paseaba un día con su madre y con un presumido clérigo por
la alameda de castaños que con la fragancia de las flores embalsamaban el aire
con el sospechoso aroma que
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