Hay libros que nos marcan, hay aquellos que nos inspiran, otros que de tan certeros nos asquean y otros que simplemente jamás nos abandonan.
Hace un tiempo estuve en Cuba, por allá en la Habana querida. Había leído, escuchado… pero jamás realmente comprendido por qué era aquella ciudad esa malgama perfumada de sudor caliente, porotos negros, salitre, pachulí y café colado. Entonces llegué y la humedad se me pego a la piel como el mejor de los trajes. El malecón llenaba de salitre mis labios y el mar rugía tantas historias como vendedores de suerte y cachivaches. En el porche
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