Cobijada bajo una almohada, mi cabeza comenzó a necesitar tu perfume, tu mirada, tu aliento y no lo tuvo; me duele pensar que tal vez no hice lo necesario, que tal vez
jugué mal esta vez, que quizás el juego no era para mi, porque Salí casi muerta de el, sin ganas de vivir, sin ganas de respirar, sin ganas de ser yo… ni nadie.
Me dolió perderte, y me duele aún más tenerte, porque no todo en la vida tiene su balance; por que imaginé que todo era bueno, porque pensé que la vida era para los dos, porque
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