De golpe, pero sin susto, vuelven a ella unas repentinas ganas de
ese vino. Si. Àquel néctar que se parecía a una bebida de la antigua Roma. O tal vez así lo creía ella... porque el placer que sentia, -y ahora recordaba- se parecia a lo que se describe como
éxtasis, aunque sea sólo en su mente... Y divagando entre risas y velas se pierde en las bacanales de una era perdida, pero de nuevo su mente vuelve hacia... ¡hacia abajo!: la gravedad. Ah, traidora... En sus divagues ha volcado el azúcar toda sobre la alfombra color ámbar... Y ahora?
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