He abierto tu armario
y casi he llorado.
La ropa que usaste…
tus trajes ajados…
tus camisas limpias
y aquellas de cuadros
tu alma las llena
aunque hayas marchado.
No hay luz en tu cuarto,
ayer lo cerraron,
el ropavejero
vendrá a vaciarlo,
espacios muy quietos
colgador cargado
de ropa perdida
sin dueño y sin amo.
Sus puertas chirrían
en tu antiguo armario,
nadie las abría
ni las ha engrasado.
Y en el suelo habían
pañuelos planchados
¡a cuantos sudores
habrán enjuagado!
¡Amigo del alma,
que casi he llorado
al mirar la ropa
que nos has dejado!
Ayer, con tu
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