El nivel de consumo medio por habitante en el mundo desarrollado exige un mínimo que nos garantiza una comodidad no negociable para la mayoría. Mantenernos comunicados las veinticuatro horas mediante Internet o teléfono, comprar el bolso más buscado o obtener el auto deseado son exigencias más que caprichos, dada la sociedad en la que vivimos.
No obstante, la situación económica y el medio ambiente nos han recordado que dicho ritmo debe descender, por lo que lujos y extravagancias comienzan a encontrar límites y se buscan soluciones alternativas. Es en este momento donde ha tomado mayor fuerza un tipo de comercio
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