Cuando la angustia llega se instala en mí.
No viene sólo a visitarme, se adueña de mi alma y de mi cuerpo.
Se va introduciendo de a poquito dentro de mis venas y fundiéndose con mi sangre corre junto a ella inundándome con su esencia de aflicción, de congoja, de ansiedad.
No puedo evadirla cuando llega; no puedo esconderme porque no la veo llegar; aparece de pronto sin que siquiera me de cuenta.
Cuando se incorpora a mi vida ya no puedo eludirla, es inadmisible escapar y es quimérico pensar que sólo vino de paseo.
Me vuelve abatida, pesarosa, atormentada.
... Leer más