El campo se percibe inmenso. Comienzo poco a poco a refugiarme en él engendrando mi propia libertad. Una regresión hacia el pasado, me parece que muy pasado, porque me desconozco. De prisa y más de prisa: corro, brinco, nado, vuelo, me hundo en el pasto que se ha vuelto en un colchón de dos escalones. Los delicados cabellos verdes rozan mi cara y su humedad me empapa de alegría. Me río, me río de los demás sin tener que preocuparme por contenerme, porque los sonidos son mudos en este mundo lleno de cordura.
Tardé mucho tiempo para contemplar los espacios
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