Sentado en el banco del jardín escucho el abrir conocido del portón de entrada, el chasquido de las gastadas bisagras asemejan un pedido de clemencia, el clic típico del cerrojo se escucha silencioso.
Alguien entró o quizás salió. No es de vital importancia, el portón cumplió su cometido una vez más.
El sonido no es agradable, en verdad atrevería a considerarlo como molestia, ese chirrido de metal con metal, a causa de la corrosión ocasionada por la intemperie, frío o calor, y por supuesto la lluvia y su hijo el roció colaboraron en la tarea de desgaste.
A
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