La señora Nena vive en una esquinita de campo justo bajo un cruce del Acceso Sur a Santiago con otros caminos secundarios. Cuesta asimilar el contraste de la velocidad y el ruido de los camiones, con la calma de las flores de los zapallos y de los gatos que toman el sol con los ojos cerrados. Es la misma sensación que da en Ñuñoa cuando uno ve una casa antigua entre ocho edificios de quince pisos.
Ella y su familia cultivan zapallos italianos, tomates, lechugas y otras cositas según la época.
Desde hace un tiempo están trabajando sin agroquímicos, volviendo
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