Hace dos años sufrí de sobrepeso, mis amigos y familiares me decían que estaba más "llenita". Claro que yo fingía no darme cuenta, pero en las noches cuando nadie me miraba, me convertía en un lobo hambriento y torturaba a mi cuerpo y a mi espíritu, llenándolo de golosinas y comida chatarra.
Todos los días me levantaba con un remordimiento de conciencia espantoso por haber comido desmedidamente.
Así viví por mucho tiempo, hasta que un día me percaté que a causa de mi gordura ya no podía levantarme del sofá; que mi "lonja" (como vulgarmente decimos) me estorbaba en el
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