Nubia lloraba, dibujaba y callaba durante todo el día. Nadie conocía sus motivos pero todos lo notaban, no llores, -le decían-, y Nubia apenas escuchaba garabateando algo mientras sus lágrimas asaltaban, desordenadas, el papel de seda. ¿Qué dibujará Nubia? Una vez Arturo miró de reojo. Allí había colores, ¡colores! Nada sorprendente, sí, muchos de ellos. Nubia encontró los colores, -si alguien puede hacerlo, se dijo Arturo-.
Arturo pensó en que conocía ese lenguaje y escribió,
Colores
No dibujen el crepúsculo,
no deshagan las escondidas sombras
porque ustedes desconocen los silencios
del alba.
Tonalidades de ensueño,
iluminen esos días de la
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