Cuando permitimos que Jesús sea Señor de todo, cuando echamos toda nuestra ansiedad sobre Él, confiando totalmente en Su Palabra y descansando en su amor, nuestro aspecto debe someterse a un profundo cambio. Una tranquila calma debe empezar a irradiar desde nuestro rostro.
La Escritura nos da muchos ejemplos al respecto: cuando Ana dejó su carga ". . . su rostro ya no estaba triste "(1 Samuel 1:18). Cuando Esteban se puso delante de los hombres hostiles iracundos del Sanedrín, [ellos] ". . . vieron su rostro como el rostro de un ángel "(Hechos 6:15) ¡Esteban estaba entre los no
... Leer más