Si no fueras tan pedante, querido, te dejaría en paz. Aquel sombrero que encontramos tirado en un arcón, mal que te pese, sí, aquel que tiene una flor, fue el que usé la noche más feliz de mi vida. Y sabés bien por qué te lo digo. Y ahora, contra tu voluntad, me lo voy a poner, me voy a pintar los labios de color carmín y voy a escapar de este orfanato. Sí, voy a saltar por esa ventana. ¿Qué te pasa che, crees que a mi edad ya no puedo? Vení si querés; si te la aguantás… porque
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