Toda la frustración que acumulamos, no sólo la propia, si no también aquella que vemos en nuestros seres queridos y que, de algún modo, las hacemos también propias como una manera de solidarizar con ellos en su dolor, todo esto se convierte en energía que estancamos en nosotros. Es ira la frustración no liberada y su cara pasiva es la depresión. Lo malo es que desconocemos que esta carga acumulada con el tiempo se convierte en enfermedad…
Permitir a Dios ser Dios en cada corazón no es nada fácil, pero es algo que sería mejor aprender para no acumular más
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