Es un llanto roto en un rostro cárdeno. Una boca muda y abierta.
Y mi mano entre las piernas, sujetando los cojones que suben de terror hacia la garganta. Que duelen, que están demasiado llenos de hijos que no nacerán. De niños y niñas que se ahogan prematuramente en las cloacas del infierno, o del cielo (solo es una cuestión de orientación). Todo parece estar muerto cuando estoy solo. No quiero, no sé como ser solitario conmigo.
No sé gestionar mi insania.
Hay un corazón negro y una oscura boca que grita. Es un infarto macabro en un corazón pútrido.
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