El Espíritu Santo es como una señal de tránsito.
Cuando se enciende la luz verde, significa que debemos ir adelante, pues Él irá con nosotros y nadie podrá impedirnos nada.
Esta es la hora de usar la fe, no mirar para atrás y explotar!
“¿Qué diremos, pues, a la vista de estas cosas? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”
La luz amarilla se enciende cuando Él nos quiere alertar que el camino que estamos siguiendo puede, eventualmente, ser desastroso.
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