Para explicar lo que pasó con el gabinete Lerner, cuya salida ha sido interpretada por varios analistas como la “ruptura” con la izquierda, se esgrime un argumento aparentemente irrebatible: el presidente nunca fue de izquierda, o ¿acaso alguna vez dijo serlo?; y si alguien se siente engañado en el lado zurdo es porque se engañó él mismo. Por supuesto, muchos de los que dicen esto, no lo expresan abiertamente, pero tal vez quieran decir, que en el fondo (muy en el fondo) Ollanta siempre fue de derecha, del tipo de los que caminan al lado de un neoliberal como Castilla
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