“Donde existen enfermedades de todos los colores- dolores, diría uno-, y la muerte les acecha a cada instante: son sus vidas un castigo persistente, pero son felices, y a su manera, repartiéndose sobras de comidas recogidas entre las basuras de contenedores de sus vidas, pues le dan de comer, y acompañando sus viandas...con el consabido ‘tetrabik’ de turno...
“Vivimos en el valle de los muertos callejeros”, me decía un viejo amigo -indigente hoy-, que fue antes un estupendo médico, y que, había ido a dar con sus huesos contra las baldosas de las calles, como consecuencia de un desafortunado
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