D. como siempre está en la encrucijada. Está a punto de tomar un micro en Recoleta, con dirección a Maipú a casa de ella para pedir perdón e intentarlo nuevamente, auque sabía que la iba a cagar de nuevo. Quería ver a S, porque la necesitaba, porque ella siempre iba a estar ahí, a su lado. No importaba cuántas veces intentara alejarse, no importaba cuántas veces la insultara, porque S. perdonaría su estupidez inherente. Los micros pasaban por su cara, dejando una estela de viento, sin embargo, no se decidía a tomar ninguno. Fue hasta la botillería de emergencia. Se
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