La esperanza, como lo expresaba Ernst Bloch, es la más humana de todas las
emociones.
Ella
impide la angustia y el desaliento, pone alas a la voluntad, se orienta hacia la luz y la vida. Sin esperanza, languidece el entusiasmo, se apagan las ganas de vivir y de luchar. La esperanza se opone con fuerza al pragmatismo, que es una deserción mediocre y cobarde en la tarea de construir un mundo mejor.
“La esperanza es lo último que se pierde”, dice un viejo refrán. Desgraciadamente, en nuestros tiempos, parece ser lo primero que se ha perdido. Los profetas
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