No sabe uno por qué escribe, pero qué más da. Para comunicarse, para prolongar la vida de uno en otros o por medio de otros a quienes uno imagina... La cuestión es que escribo desde Sevilla, capital de enorme riqueza cultural y que vivió épocas esplendorosas, y vaya si se nota. Un paseo por la Plaza de España es suficiente para constatar que, en efecto, poca cosa era Madrid hasta hace bien poco. O, si no, que me digan en qué supera la plaza homónima matritense a la mencionada... Solo cambiaría a las gitanas por abuelitos inofensivos, no porque las
... Leer más