Por Julio Alvear
Hay algo que los constitucionalistas solemos olvidar. Nuestros orígenes no son tan inocentes como quisiéramos. El movimiento constitucional articuló desde finales del siglo XVIII, especialmente en Francia, la mayor concentración de poder político y jurídico de la historia. Lo hizo mediante la edificación del Estado moderno. Los pensadores del siglo XIX, de distintas tendencias, registran su asombro ante el aparecimiento de tan ciclópeo artificio. Donoso Cortés habla del poder ubicuo de millones de ojos, oídos y brazos. Tocqueville anuncia el aparecimiento de un poder inmenso y tutelar; un poder absoluto, minucioso, regular y aparentemente benigno, señor, intendente
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