Uno de mis dulces favoritos ha sido siempre el bizcocho. Esa masa básica de harina, huevo, azúcar y aceite (o mantequilla), esponjosa, dulce, pero no en exceso, a la que puedes añadir tantos sabores como tu imaginación te permita: cardamomo, chocolate, limón, frambuesas y fresas, manzanas, yogur, almendras… Me encantan, a pesar de que se me solían resistir en cuanto los metía al horno. Con la práctica, la sabiduría de gente más experimentada que yo en la cocina y leyendo mucho, he llegado a cogerles el tranquillo y ya preparo algunas combinaciones que empiezan a ganar adeptos entre familiares y
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