Un título largo, pero lleno de ironía, una de las canciones más simbólicas de
Florcita Motuda.
Chile vivía en los albores de la dictadura de Pinochet y sus nuevos artistas se debatían entre meterse o no en el sistema para poder vivir. Cantar en la televisión representaba cobrar buenas sumas, pero también significaba participar de un medio intervenido políticamente y estéticamente
acartonado. Esa televisión que tantos añoran, era una TV de espectáculos con público de traje de noche, que fumaba y tomaba whisky, mientras en algunos lugares oscuros del país se torturaban a cientos de personas y se hacían desaparecer
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