Es imposible quedarse indiferente ante el cruel asesinato de 39 cristianos que celebraban la Navidad en Nigeria. Más de uno debe haber pensado lo mismo que un centurión romano dijo ante Cristo crucificado:
«
¡Vaya! ¡Tú que destruyes el Templo y lo levantas de nuevo en tres días! Si eres el Hijo de Dios, líbrate del suplicio y baja de la cruz.» (Mt 27,40)
¿Cómo reaccionamos ante esta tentación del maligno? Porque es una clarísima tentación que se refleja como una tentación que planteamos a Dios. ¿Sentimos desesperación? ¿Nos encogemos de hombros? ¿decimos como Pedro: “no le conozco”?
Ante al dureza
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