Ahí se encontraba. La cacho, en ese momento de entero que ella sería su zorrita exclusiva. Tenía puesto el uniforme escolar de cuadros, la blusa blanca ajustada al cuerpo y los calcetines que le llegaban a la pantorrilla, par de trenzas rubias y los pechos grandes ocultos tras el sujetador. Vertió la burundanga en el lienzo, y se lo oculto en el bolsillo. Esperó hasta que ella se separó del grupo de amigos y se dirigió hacia ella con una excusa. -Hola, ¿tienes hora? Dijo
-La joven sonrió y se miró el reloj. -Las 20 horas. -Muchas gracias -expresó con
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