Querido Francisco, ¡Dios!, ¡Dios! Francisco, fuiste un implacable talador. Quemaste, barriste, demoliste casa, dinero, padres, posición social. Avanzaste hacia latitudes más profundas: venciste el ridículo, el miedo al desprestigio. Escalaste la cumbre más alta de la Perfecta Alegría. Te despojaste de todo para que Dios fuera tu Todo. Pero si en este momento reina alguna sombra en tus habitaciones, es señal de que estás prendido a algo y de que Dios todavía no es tu Todo: de ahí tu tristeza. En suma, es señal de que has catalogado como obra de Dios lo que en realidad es obra
tuya.
Para
... Leer más