Hay precursores célebres en esto del Yoismo. Uno de ellos fue don Miguel de Unamuno. Claro que cuando él decía “yo opino...”, había miles y miles de interesados en saber lo que opinaba. Era un hombre inteligente, que no pensaba leseras, y cuyos artículos se seguían con avidez y respeto en muchos lugares del mundo. Aun así, a veces se volvía medio irritante. Un día, Ortega y Gasset no aguantó más y dijo (no enteramente en broma) que, junto con entrar en una reunión, don Miguel “echa en medio su ego como quien suelta un ornitorrinco”. Fue aquella una época
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