La Psicología ha demostrado la eficacia de diferentes técnicas para controlar el estrés infantil. Algunas de ellas han sido investigadas y empleadas en la hospitalización infantil (Azarnoff y Woody, 1981; Peterson y Ridley-Johnson, 1980). Para Melamed y Ridley-Johnson (1988) lo esencial de un entrenamiento cognitivo-conductual es la sensación de dominio y control que las habilidades adquiridas proporcionan al niño, además de su posible generalización a ambientes distintos del contexto médico donde se ha llevado a cabo el aprendizaje.
Las habilidades de afrontamiento son un conjunto de respuestas cognitivas, psicofisiológicas y motoras que resultan adaptativas en situaciones estresantes como la hospitalización.
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