Ante la distancia tan pequeña a la que hemos estado (y podemos volver a estar) de que en España se apruebe una ley de eutanasia, aunque ante el desprestigio en el que la palabra ha incurrido (fíjense que la ley de aborto española no se llama de aborto sino de “salud reproductiva”, ¡manda caralho!) el nombre nunca será éste, me propongo traer a estas líneas los casos más escalofriantes que me encuentro en el libro
“Seducidos por la muerte”, del norteamericano
Herbert Hending, del que ya les he hablado alguna vez, cuya reseña en cualquier caso, hallan Vds. a pie
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