En modelos machistas –como los latinoamericanos– las relaciones sociales todavía se centran en el pene como elemento de dominación. Cuentan los abuelos gays guatemaltecos, que a mediados del siglo pasado, la
posición –en la cama– solía ser bocabajo para
complacer a los hombres –digamos que– “
heterosexuales” –casi siempre casados y borrachos– con quienes tenían encuentros furtivos. Con aquella idiosincrasia, parece que todos los homosexuales eran considerados
pasivos, tanto así, que, a manera de insulto, les decían
muerde-almohadas y a los “
heterosexuales” que los hacían suyos, les correspondía el apelativo de
sopla-nucas. Verse obligados a hacerlo de espaldas era un golpe
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