Yo no soy esquizofrénico, sin embargo tengo una doble personalidad.
Estoy yo y está Él: el Dios Polla, el Pene que vive su propia vida. El maldito ser que me traiciona; que pone de manifiesto mi deseo quiera o no.
Necesito hablar seriamente, siento la necesidad de ser racional; pero ella me mira de cintura para abajo y sabe que no lo conseguiré y ríe con su cómplice. Con mi segunda personalidad que acapara la suficiente sangre para dejarme el cerebro seco.
Mi pene no entiende de palabras ni emociones, se endurece ante ella, ante el recuerdo de sus manos
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