Podría decirse que a los 18 años tuve mi primer emprendimiento. Se trataba de un apiario. Un apiario no es otra cosa que varios miles (quizás millones) de abejas revoloteando a tu lado esperando la oportunidad de filtrarse por algún descuido de tu traje, y picarte. Trabajé bastante duro con ese apiario; si bien mis colmenas no eran demasiadas, las tareas de campo para personas fatigadas de nacimiento como yo resultan altamente inapropiadas:
Levantarse muy de madrugada.
Cargar el vehículo.
Viajar varios km hasta el campo.
Descargar el vehículo.
Equiparse. Ir al apiario.
Curar las colmenas, limpiarlas, ordenarlas, restaurarlas, seleccionarlas.
... Leer más