Ayer salimos la cuadrilla motera mía a dar una vuelta, a almorzar en un pueblo distante unos 60 km. de casa. En principio, todo bien.
El dia, soleado; el viento, inexistente; las temperaturas, agradables, pero...
Y aquí viene lo bueno: el "
pero" ese.
La carretera que tuvimos que atravesar tenía grandes zonas de umbrías, de suelos mojados y cási helados, tan cási helados que en muchos tramos habían arrojado sal. Y esa sal brillaba avisando de que la precaución debía ser máxima, total. Un pequeño frenazo en esas condiciones y se nos va la burra al bancal a la voz
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