Paso el dedo por el filo de la navaja…
Es infame la precisión con la que corta. La sangre se va de casa en cuanto abres la puerta. La sangre no ve la luz y está tan llena de vida… Qué injusto fue el Creador encerrándola en el cuerpo. Tantos glóbulos, tantas plaquetas, tantos anticuerpos. Las tripas…
La ponzoña está en la oscuridad, en mi corazón si tuviera.
YO no tengo sangre.
Y pienso en la libertad y en los miles de intestinos humanos que deberían correr hacia la luz.
¡Corred, corred! Desparramaos dulcemente, víboras ciegas y tontas. Naced del
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