¡Ya no puedo soportarlo más!... Día tras día lo escucho resonar en mi caja craneal, chocando en sus paredes en forma de concierto de chirridos... Tan insistente como la silueta, que veo entre la vigilia y el sueño, del que llamo “Él”... ¡Oh, Dios!, ¿Qué te hecho para faltarte al respecto, para merecer tal calvario, o sera tú plan lo que padezco, para que sea un iluminado de dolor y el sufrimiento? “...Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén...” es el estribillo que repito para contrarrestar a su poder
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