Es asombroso cómo pasan los segundos, las semanas, los meses, los años... y aun vive mi alma encerrada en una cárcel de la que no puede escapar. Se aferra a los barrotes y grita tan alto como alcanzan sus pulmones, sin embargo su voz queda muda y tan sólo se oye el silencio de la impotencia.
Esas cuatro paredes que la encarcelan la están volviendo loca. Ese antro que la aprisiona en sí misma no la deja volar, y mi alma se encuentra desolada y solitaria. Intenta respirar, pero el aire se vuelve veneno y la asfixia. Intenta buscar algo
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