La vocación es un don, una gracia que obra en quienes Dios elige y que ellos dejan actuar, y que además dicha gracia es capaz de transformar al hombre más miserable en un verdadero heraldo del Evangelio, esto, claro, si somos capaces de dejarnos guiar por la gracia de Dios.
La vocación es dada a seres humanos concretos, sin ningún mérito del cual se pueda presumir, por el contrario, Dios llama, en ocasiones, a los menos aptos, quizás, para poner de manifiesto que quien obra es la gracia y no la persona.
Es verdad que ésta exige una responsabilidad y
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