Dormí con los pies descalzos
destapados del abrigo,
soñé con el sueño apretado
disparando al olvido,
corrí cuando la mañana tocaba
la cabeza de ese ruido
y pestañando sin descanso
comencé a perder el sentido,
creí que indiferentes eran
los cantores pajaritos
pero termine hablándole al sonido,
y si cometí el veneno insano
de perderme en los delirios,
cerré y abrí tantas mañanas
que quería estar dormido,
pedí que secara tanto llanto quizás
para hoy ¡sentirme vivo!
que agradezco por ser desdichado
y disfrutar felices motivos,
y si preferí tomar el ¡canto!
pa’ que hoy escuchen los sentidos.
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