Hace unos días me contaron la siguiente anécdota: dos chicos palestinos, uno musulmán y el otro católico; el musulmán se dirigió al católico y le dijo: “¡Qué suerte tenéis los católicos, que podéis todos los días comer a Dios!”. Esta frase me ha recordado Lucas 10,21 cuando Jesús dice: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los pequeños”. Este chico musulmán nos ha dado toda una clase de Teología, y es que la costumbre, la rutina, lo habitual nos impide darnos
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