Como de la nada aterrice a la realidad absoluta, sin pedirlo, sin pedirlo como siempre, llegando a la realidad porque mi alma me ha obligado.Observo calladamente como se acomodan las piezas del ajedrez de mi vida, ese juego en el que más que Reyna por momentos soy peón de mis emociones, si peón, esclavizado a lo que ellas me exigen y contradictoriamente liberado por las sensaciones que producen. En la realidad quizás absoluta, las cosas son vistas de forma tan diferente, distinta; tal vez sea que el pacto que hice con la razón me está tomando el pelo y hoy
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