En mi infancia fui víctima de la goma de mascar. El “chicle” era mi compañero permanente desde que me despertaba (cosa me costó desde temprana edad) hasta que me acostaba y entraba en estado de reposo (cosa que nunca me ha costado).
Podía distinguir a ojos cerrados entre los sabores de un chicle “dos en uno” de las texturas y volumenes de los “Adams”. Cuando el “freshen up” llego a mi vida con su centro líquido refrescante, pensé que esta adicción era irremediable y que la industria de la goma de mascar podía manipularme a su entera voluntad.Este fanatismo tuvo
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