Ahmad
recogió un objeto metálico brillante del suelo mientras celebraba con su
familia su quinto cumpleaños en un parque en Líbano. Fue una bomba de racimo
aún sin explotar la que, en ese instante, le estalló en la cara, matándolo
lentamente frente a su familia.
Hace tres
años, la presión pública impulsó la prohibición de estas bombas inhumanas. Pero
ahora el gobierno de EE.UU. está haciendo lobby, junto con otros países, para
firmar casi en secreto un nuevo acuerdo que permita el uso de dichas bombas.
Ello supondría firmar la sentencia de muerte de miles de niños más. La mayoría
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