Ya estaba escondiéndose
el sol, lo cual implicaba el inicio del show. El publico había
esperado muchas horas para que todo empezará, casi una eternidad,
pero valía la pena. Ella, tan hermosa como siempre, se sentó en el
taburete y se poso delante del piano que encontró en el edificio
carcomido por el caos. Él se poso encima del instrumento colosal,
como la pluma sobre el agua. El toque de los martillos de marfil dio
comienzo al ritual danzarín del liviano hombre. A iniciado el
espectáculo observado por un publico cautivo e inmóvil...
Cada tonada acompañada
del movimiento corporal, emanaba
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