La
radiodifusión venezolana vive hoy día su peor y más antiestético momento. La
radio basura, acentuada a mediados de los años ochenta con la proliferación de
las FM, encumbra ídolos de barro con contenidos grotescos, acompañados de
moderadores, locutores y comentaristas, en su mayoría, mediocres. Son mediocres
porque sus mentes y programas carecen de criterio; su intelectualidad
discursiva arroja pruebas irrefutables de ello. De todas formas, eso no les
importa. Lo que realmente les importa es la pauta publicitaria que puedan
vender en sus espacios y "entretener” con canciones basura, artistoides
basura y comentarios basura. Lo que se reafirma es
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