ESCRIBIÓ UN POEMA CON SU PROPIA SANGRE
Miguel Hernández es un caso muy singular en la poesía
contemporánea mundial.
Prisionero político del franquismo, en su celda, aislado del
mundo, tenía, aparte de su amor por la libertad, un amor mayor: la poesía. Careciendo
de papel y pluma, se rompió las venas y en las paredes de su celda escribió sus
versos. En ese lugar murió este bardo que es –injustamente- como una sombra de
los otros grandes poetas de la
España del siglo veinte.
Cuando yo recuerdo a Miguel Hernández me duele el cuerpo
entero. Ese campesino joven, valiente, inteligente
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