Las nubes son de algodón, ni duda cabe.
Las veo con la ventaja de estar sobre ellas, inmerso en su intimidad, desde donde nunca pensaron ser mancilladas por la vista humana.
Son hermosas en su desnudez, blancas como las sábanas de una virgen, tan puras como el pensamiento de un niño, tan claras como el vuelo de un ave.
Al contemplarlas desde aquI es muy fácil ser poeta. Porque su belleza arrastra inspiración y unas ansias incontrolables de compartir esta visión literalmente celestial.
No son unas nubes del montón, por mucho que se vean amontonadas. Son las nubes de mi
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